domingo, 29 de septiembre de 2013

El (poeta) expatriado, hablante único de una lengua propia


Cuando uno no cambia de país, la evolución de su manera de hablar le pasa relativamente desapercibida. Puede recordar con gracia insultos de su adolescencia que han pasado de moda ("palmo", "nardo"), pero incorporará de manera indolora y hasta sin darse cuenta ciertos vocablos y expresiones que vayan apareciendo y se hagan de uso común ("rescatarse", "ponele"). Su manera de hablar le resultará siempre relativamente transparente, en tanto que código compartido por un grupo más o menos amplio (generacional, sociocultural, familiar, etc.).

El que se va a un país de lengua extranjera, en cambio, es testigo de cómo su lengua se enrarece, y se convierte en un ejemplar de una especie única. Los cambios en el habla los percibirá desde afuera (escuchando la radio, por ejemplo), e incorporarlos será por supuesto posible pero siempre con un grado de esfuerzo y, si se quiere, de artificialidad. Hablar su propia lengua deja de ser un acto automático para ser voluntario: hay expresiones que salen más fácil en el idioma que se usa todos los días, las palabras se oxidan... Además de que las personas con las que tiene la ocasión de hablarla no son forzosamente de su país, y muchas veces ni siquiera hablantes nativos. Así, cuando habla su idioma ni siquiera es su variante dialectal sino una forma más neutra, internacionalizada, más comprensible para un número mayor de personas (y más lenta, más articulada, menos argótica). Se descubre tuteando en vos de voseando, suavizando las "yes" (las y, las i griegas), entre otros cambios que hacen que lo que hable sea otra cosa que lo que hablaba antes.

Y si el expatriado además es poeta, uy. Tendrá que elegir en cada verso, en cada línea, por quién quiere ser entendido. El abanico de posibilidades, en tanto que habitante de una aldea virtual (compartida con los otros poetas expatriados que escriben en su idioma) con una lengua enriquecida por múltiples matices, se le multiplica (y se le complica). El (poeta) expatriado es pastor, guardián y escultor de su idioma propio. Todo escritor lo es, me dirán. Y por supuesto, con la diferencia de que quien vive en país donde se habla la lengua en la que escribe no debe protegerse de los préstamos lingüísticos, de los galicismos/anglicismos/italianismos, etc. involuntarios y de peligros similares. El poeta expatriado es un tenista rodeado de basquetbolistas, y que sostiene la raqueta con una mano mientras intenta hacer picar la pelota naranja con la otra. Es un asador que revuelve una paella con el pie y hacia atrás mientras intenta que no se le quemen las brasas que tiene delante. Un piloto de avión que intenta no chocar el submarino que maneja con las rodillas.

¿La tiene compicada? Seguro. Pero les puedo asegurar que no se aburre.

8 comentarios:

sirenasahogadasenvodka dijo...

Es un post que me ha dejado un poco triste. Por que habla no solo de la distancia en el espacio, sino de la distancia en el tiempo. Ud. tiene un blog y desde allà habla en argentino,como nostalgia. Mire, le regalo un cuento que no es mio.http://elseniordeabajo.blogspot.com.ar/2008/12/coger-en-castellano.html

Ignacio Tazedjián dijo...

"El (poeta) expatriado es pastor, guardián y escultor de su idioma propio"

Poeta/pastor/guardián/escultor... en fin... una tarea extenuante. Descanse Comandante.

Recuerdo cuando adolescente, mi vieja me regaló una campera de jeans con corderito adentro. Una señora me dijo que yo estaba muy PETITERO con esa pilcha. Me dio vergüenza preguntarle por su significante oxidado. (ella tampoco hubiera entendido)

Las lenguas se oxidan con el tiempo y la distancia. A veces la distancia es solo simbólica: hay menos distancia entre un expatriado en Bélgica y un Nac & Pop de Palermo, que entre el susodicho de Palermo y un pibe de La Matanza. (Alta yanta, Comandante)
http://www.youtube.com/watch?v=_p5SVVwpm1U

Vincent Vega dijo...

Buena observación. Uno se va y el mundo sigue girando. Podemos mantener un cable a ese mundo que dejamos, pero nuestro cotidiano ya es otro. Creo haber perdido (o ganado) acentos, y perdido o ganado palabras, por culpa del otro idioma, por culpa de la necesidad de neutralizar el castellano. Suerte con las poesías!

Comandante Cansado dijo...

¡Hola, Sirenas! Qué pena que le haya causado ese efecto. Sabe que lo releo y no logro ver nada de nostalgia en el post. Creo que se trata más bien (y ahora me pongo en lector de lo que escribí, así que halamos en igualdad de condiciones) de una cuestión de no perder del todo el control de ese proceso de transformación, o al menos de estar consciente de él y dirigirlo mínimamente. Pero no, no veo tristeza. Así que súmese a mi mirada que es más alegre :).

Sudaca: cómo no, tiene toda la razón del mundo. Es así, por supuesto. Me hace acordar a una canción muy políticamente incorrecta del Cuarteto de Nos, "No somos latinos" ("En Colombia me decían gringo,/ o alemán en Santo Domingo./ Ni en Honduras, Panamá y Venezuela/
el Uruguay ni saben donde queda").

Vincent: me gustó mucho lo que dice. Y es así. Uno puede elegir cómo se para ante eso.

luis correa-díaz dijo...

Vaya 1: qué buen texto este del Comandante, si es como si me hubiese quitado las palabras de la boca..., pero las de él son más claras, tersas y al punto...

Vaya 2: parece que el poeta siempre paga caro su condición...

luis correa-díaz

Comandante Cansado dijo...

¡Gracias, Luis! Sobre el Vaya 2: ¿le parece? Me parece que depende. En todo caso, creo que lo dicho le cabe a todo expatriado en un país de otra lengua, por poco que se interese por su manera de hablar.

Unknown dijo...

Qué bueno ese registro de vueltas a empezar, reconocidas, creo, como la única continuidad sobre la que vale escribir.

Comandante Cansado dijo...

Gracias, Unknown. Aunque un poco críptico lo último. ¿Desarrolla?