jueves, 8 de agosto de 2013

Análisis de un autor que no leí

Larbi El-Harti (Asilah, 1963), escritor marroquí en lengua castellana y francesa

Larbi El-Harti, me dice Moís Benarroch cuando le pido sugerencias de otros autores que escriban en castellano en países de otras lenguas, es un escritor "muy Machado, más español que los españoles". Viniendo de él, un notable poeta en la lengua de Cervantes que, según David Wapner, escribe igual de bien en inglés y en hebreo, vale la pena chequear. Así que busco, pero no encuentro nada en castellano. ¿Problema? No, porque la especulación puede reemplazar el conocimiento sin perjuicios estéticos y el que avisa no es traidor. Entonces.

Uno nunca es el mismo en otra lengua, o al menos no de manera automática. Cualquiera que haya hecho la experiencia de aprender una lengua de manera intensiva puede atestiguarlo. Cualquiera que haya hecho esa experiencia se acordará de ese momento en que logró traducir (expresar, crear) su personalidad en esa lengua (el primer chiste, la primera frase compleja sobre un tema complejo, la primera puteada espontánea). En literatura, en poesía, la elección de una lengua extranjera para la creación tiene siempre motivos concretos, relacionados con las posibilidades expresivas (reales o imaginadas, que termina siendo lo mismo) de dicha lengua para el autor. Larbi El-Harti, además profesor universitario, toma el francés y el castellano. Apoderarse de las lenguas de antiguas potencias ocupantes (independientemente del resultado) establece de por sí un diálogo productivo. Es mucho más enriquecedor tomar herramientas del otro que rechazarlas por su origen. Las herramientas son eso, herramientas, que no tienen inscrito un uso único en su adn conceptual. 

Cuando uno crea (si puede) en otra lengua lo hace buscando nuevas posibilidades y nuevos límites (algo intrínsecamente relacionado). En inglés la gramática es (relativamente) sencilla, pero por esa misma ausencia de reglas es imposible saber (hasta para un hablante nativo) cómo se pronuncia una palabra si nunca se la escuchó antes. El castellano, de gramática más profusa, es una de las lenguas en las que la pronunciación y la escritura son más cercanas. La escritura del hebreo y del árabe carece casi completamente de vocales. El  mandarín y el cantonés (y otras lenguas orientales) disponen de una escritura ideogramática. La belleza de una lengua, como de cualquier otra cosa, está, visiblemente (je), en el ojo del que mira (o lee, huele, o gusta, o escucha). 

¿Quiere decir esto que todo es siempre lo mismo, que sobre gustos no hay nada escrito? Dios, no. Quiere decir que todo lo escrito sobre el gusto pasa forzosamente por el tamiz del gusto propio. Leer lo que otros han escrito sobre tal o cual objeto cultural no anula la propia experiencia. La enriquece y es parte indiscernible de la misma. 

¿Quiere decir esto que toda traducción es imposible? Otra vez, no. Quiere decir que no hay (perdón Google) traducción automática. Quiere decir que la traducción es, también, creación. Quiere decir que las vías de la creación son numerosas y múltiples. Y quiere decir, también, tal vez de manera más indirecta, que toda creación es trabajo. Toda creación, aun la que parece espontánea, es resultado de un proceso anterior. La creación espontánea lo es una vez. Después, si no se trabaja en una sistematización de un proceso creativo (en la creación de un estado o de un contexto) que posibilite la espontaneidad el intento se traducirá, inevitablemente, en repetición o impostura. 

2 comentarios:

Ignacio Tazedjián dijo...

Machado (con minúscula) por aquí es borracho. Un escritor muy machado es tirando a Bukowski... pero esa no era su idea. Hay otros problemas con el lenguaje. La polisemia. Eso trae problemas a los nativos hablantes y más a los traductores. (en casa con autistas, estamos atentos a la polisemia)
El año pasado asistí a una charla en la que estaba Piglia y su traductor al ingles, un americano llamado Sergio Waisman. Me resultó más interesante Waisman que el propio Piglia. Habló de lo que significa hacer traducciones.
Hace poco encontré un artículo, de otro traductor, donde dice cosas parecidas a las que le escuché a Waisman.

http://clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com.ar/2012/11/al-traducir-el-traductor-crea-el.html

abrazo.
Veré como hago con el-Harti

Comandante Cansado dijo...

No me sorprende. No por Piglia en sí (no tengo nada en contra) sino porque el trabajo del escritor es visible mientras que el del traductor, si es bueno, lo es bastante menos, y entonces se requiere que un autor sea igual de bueno o mejor aún como conferencista para que agregue mucho. En el caso del traductor, en cambio, y siempre que sea bueno, escucharlo hablar sobre su trabajo "oculto" es probable que resulte interesante. Insisto, hay excepciones (conozco a tal o cual que no para de repetir como un lorito "traducir es imposible" en cuanto foro consigue).

El-Harti no tiene cosas en la red. si consigo le paso. Abrazo.